lunes, 5 de abril de 2010

El lloro de los críos

Estaba hoy por la tarde en Trafalgar Square, esperando a que llegase la hora del concierto del Messiah de Haendel (pues si se levantan en el Halleluyah, si). Pasaba el rato leyendo un libro de UML (que hay que recuperarlo, dado que quiere forzar su aplicación en el proyecto en el que estoy asignado), en las escaleras que suben de la plaza hacia la National Gallery. Entre todo el bullicio de gente que había dio la casualidad que ha mi izquierda estuviesen dos venezolanos. Estaban ellos hablando de varias cosas, y uno de sus temas se me quedo en la mente. Hablaron de los niños y sus lloros, y de que si hay que dejarlos llorar o no.

Recuerdo hace tiempo una discusión con mi padre, mientras estábamos sentados en un café en Varna. Vimos a un niño pequeño caerse de la que corría. La madre no se acercó al niño para levantarle, o hacerle mimos o lo que fuese. El niño, dos segundos mas tarde estaba de pie y corriendo de nuevo, ni un grito, ni una lagrima, aquí no ha pasado nada. Casos en los que la madre levanta al crío, y le dices cosas (buenas o malas) y le presta atención, con el niño llorando desde que se cae hasta 10 minutos después del suceso he visto a raudales. Y mi padre me dijo, que como el crío probablemente no recibió atención previamente, pues no se paraba a esperarla.

Y en esto me vino a la cabeza. Cuando son muy críos (meses) y todavía son incapaces de hacerse entender, el lloro se convierte en la forma de hacer saber a los padres de una incomodidad (hambre, sueño, el regalo en el dodotis). Rápidamente asocian el lloro con recibir atención y perder la incomodidad. Cuando crecen el lloro es la principal arma para llamar la atención. Es mi idea que tan pronto como un crío es capaz de hacerse mínimamente entendible (creo recordar que la memoria a largo plazo se empieza a desarrollar a partir de los 3 años de edad), los padres debieran de ignorar completamente al crío cuando llora. Probablemente tarde un año o dos, pero se dará cuenta de que llorar no sirve de nada. Y ya no hay que sufrirle durante los siguientes 15 años.

Tanto para el principio del párrafo, como para el final: Viva Pavlov.

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