Esto va muy al hilo del post de Piolvs inmediatamente anterior a este. Sin embargo, como soy un ególatra, ya me conoceis, he decidido no relegar mi sabia opinión a un comentario.
En el fondo, esta entrada es una estupidez. Bueno, no la entrada, pero sí el motivo detrás de ella.
Y es que estoy meditanto mucho sobre WoW sí, WoW no. ¿Por qué? Porque, por motivos en los que no voy a entrar, seguir en La Guardia Negra ha dejado de ser... cómodo para mí.
De manera que he tomado la decisión tajante e irrevocable de dejar, aunque sólo sea temporalmente, el WoW. Y, como siempre que tomo una decisión tajante e irrevocable, estoy muy arrepentido de ello.
La estupidez es que llevo cuatro horas sin jugar y ya lo echo desesperadamente de menos.
Me he logrado acostumbrar al end game de segunda, a farmear reputación y hacer instancias de 5 no heroicas cuando se puede. A las quest diarias, incluyendo la del Simon (que manda narices). Incluso llego a encontrarle la gracia a tirarme una hora farmando motas.
Y así me encontraba hasta hoy, cuando he visto que no podía seguir en La Guardia Negra. Se lo comenté a mi insigne Guild Master.
Creo que lo mejor es que deje el WoW.
El, como amigo antes que guild master, me dijo que me cambiase de guild con Ardarion o Thinfedil, que intentase entrar en Guardianes de Plata con Ato, los Davides y Garrido. Mi respuesta fue inmediata.
Para mí, el WoW es el guild.
Y es así.
En su momento, Reyero, Bannockburn, Piolvs y yo intentamos pasarnos al LoTRO. Y no funcionó. No funcionó, en mi opinión, no por el juego en sí, sino porque eramos pocos. Tan sencillo como eso. No logramos alcanzar la mása crítica en la que se produce la reacción que convierte el canal del guild en algo divertido. Pocos y bastante ocupados, era fácil encontrarse con que no había nadie más conectado.
Anteayer por la mañana, no sé muy bien por qué, me conecté un momento al WoW nada más levantarme, a eso de las 7:10. Y Skaarj y Robuyo estaban conectados.
Había texto en verde.
Porque, para mí, eso es lo que vale: el texto en verde. Eso es lo que me aporta: lo demás, viene derivado de él.
Hace poco fui de PUG a Mechanar. El principio fue bien, pero el penúltimo boss se nos atragantó. Y todo fueron reproches, insinuaciones de n00bismo y gente que se tenía que ir porque tenían raid con el main.
Lo divertido es hacerlo con amigos. Con amigos, habríamos dicho "y si probamos de esta otra manera".
Tras la conversación con Bannockburn (en realidad fue con Tarrant, todo hay que decirlo) estuve un poco pululando con Thinfedil y, camino de Elemental Plateau a farmear motas, de repente me sorprendí a mí mismo tecleando
/gquit
No pude farmear ni una mota. No es que hubiese más competencia que otros días, era que me faltaba algo.
El texto en verde.
Porque las quest diarias y el farmeo de motas son actividades solitarias (sobre todo la segunda), una especie de onamismo WoWero en el que yo me lo guiso y yo me lo como, estoy mejor solo que mal acompañado.
Pero no puedo hacerlas sin mi querido texto en verde. Sin comentar lo cabrones que son los antiaéreos o resolver la duda de vete-tú-a-saber-quién-tiene-una-duda-ahora, sin esperar, con una mezcla de miedo y deseo, ver interrumpido mi farmeo para ir a la provincia de al lado a ayudar a alguien con un élite.
Porque, sí, el texto en azúl es el no va más, es la salsa del WoW. Es Massively Multiplayer pero, sobre todo, es Multiplayer.
Escribí una entrada hace tres semanas al respecto: lo mejor del WoW es que puedo irme de instancia con mis amigos.
Un inciso: incluyo en "mis amigos", en un lugar destacado, a mi propia hermana.
Pero para que haya texto azúl con los amigos, antes tiene que haber texto verde. Y después, para comentar la jugada, qué narices.
Quiero mi texto en verde.
Al final, lo más seguro es que vuelva a conectarme tan pronto termine esta entrada.
Porque mi caso es un poco especial, todo hay que decirlo. El WoW es, para mí, una parte más importante de mi vida social que para la mayoría.
Vivo solo, con mi gato, a casi quinientos kilómetros de mi familia. Y mis amigos tienen tendencia a irse fuera de fin de semana. Lo normal es que me pase el sábado y el domingo sin abrir la boca más que para comer, beber y decirle cosas a mi gato.
Pero, con mis dedos, escribo en verde. Con mis dedos quedo con mi hermana para ir a hacer no sé qué instancia. Con mis dedos, me pongo a improvisar una versión de alguna canción en plan WoWero. Con mis dedos, le digo a Piolvs que, ahora mismo, me viene mal ir a ayudar a Shawree. Con mis dedos, le digo a Erlótë que se ha pasado con la última parida. Con mis dedos, saludo a Samarkanda que, albricias, se ha conectado.
Y, ahora, con mis dedos, escribo esta entrada, larga, como a mí me gusta escribirlas.
Pero no es lo mismo.
Esta entrada no está en verde.